
El plan energético del Presidente no ayudará a los consumidores ni acabará con nuestra adicción al petróleo. Declaración de Sara Zdeb, Amigos de la Tierra
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Erich Pica, 202 222-0739
Durante los últimos cinco años, el presidente Bush ha impulsado un plan energético diseñado por y para las grandes petroleras. No es de extrañar que las ganancias de las petroleras se disparen ahora que los consumidores sienten las consecuencias.
Las compañías petroleras más grandes del mundo registraron ganancias combinadas de 100.000 millones de dólares el año pasado. ExxonMobil acaba de anunciar un paquete de jubilación de 400 millones de dólares para su presidente saliente. El contraste entre las grandes petroleras y el ciudadano común que lucha por afrontar el alto costo de la energía es innegable.
Lamentablemente, el discurso del presidente de hoy ofreció más de las mismas propuestas desgastadas y poco que ayude a los consumidores de hoy ni a acabar con nuestra adicción al petróleo en el futuro. Las promesas de impulsar nuestros autos con combustibles alternativos en el futuro son un buen eslogan. Pero contamos con la tecnología para que nuestros automóviles rindan más de 64 kilómetros por galón hoy, algo que el propio presidente ignoró al proponer normas de ahorro de combustible poco rigurosas que apenas harán mella en nuestra adicción al petróleo.
El presidente también indicó su intención de impulsar la desmantelación de las normas de aire limpio. Es propio de las grandes petroleras y sus aliados de la administración Bush desviar la atención de sus desorbitadas ganancias culpando a las leyes ambientales. Lo cierto es que la verdadera razón por la que la capacidad de refinación de petróleo es baja es que la industria la ha mantenido allí para aumentar sus ganancias. Las compañías petroleras han cerrado 30 refinerías en los últimos diez años y la EPA aprobó el único permiso que solicitaron para construir una nueva. La economía, no las regulaciones ambientales, es la verdadera razón por la que la capacidad de refinación es baja.
El único aspecto en el que el presidente acertó fue su llamado a derogar las exenciones fiscales que benefician innecesariamente a las grandes petroleras. El gobierno federal sigue prodigando miles de millones de dólares en ayudas a las compañías petroleras, e incluso los directores ejecutivos de la industria afirman que no las necesitan.
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